La Quinta Rosacruz

El destino me condujo a la Quinta Rosacruz en Aibonito el pasado jueves 29 de enero.

A finales de los 1970s había visitado Aibonito por primera vez con mi abuelo, Francisco Becerra Landrón, cuando me mostró la casa donde nació.

Mi abuelo carpintero

Luego, a principios de los 1980s, como médico de pacientes de Aibonito en el Proyecto de Migrantes Agrícolas en Cidra, pude visitar hogares de pacientes en los barrios de Aibonito. En una de esas visitas, un contacto local me llevó a ver el óleo de un antepasado mío, Diego Becerra, pintura expuesta entonces en un salón de la casa alcaldía.

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Diego Becerra Muñoz

Don Diego Becerra Muñoz, propietario del Hotel San José del Roble (1898), fue alcalde de Aibonito en el 1932. Su padre, Diego Becerra Otero fue hermano de Francisco Becerra Otero, el abuelo de mi abuelo. El padre de mi abuelo, Francisco Becerra Zayas, murió a los dos años de vida de mi abuelo, partiendo su madre viuda, Francisca Landrón Otero, a vivir con su hermano Enrique Landrón Otero, administrador entonces de la Central Azucarera Cambalache en Arecibo. Enrique Landrón Otero se convirtió en el padre adoptivo de mi abuelo, empleándolo de adolescente en la Central y pagándole sus estudios de ingeniería mecánica en Tulane, Nueva Orleans, capacitándolo así para trabajar como ingeniero en la Central. Mi abuelo nunca regresó a vivir en Aibonito.

En algún momento cuya fecha no puedo precisar, mi abuelo me entregó copia de una monografía que resumía la genealogía familiar Becerra, oriunda de Caguas y extendida a Aibonito. Fue escrita por Don Diego Becerra Muñoz y esa copia le fue entregada a mi abuelo por su nieto Herbert.

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Hermanos José y Enrique Becerra López, nietos de Francisco Becerra Landrón

Así he podido establecer mi linaje familiar, complementado por entrevistas personales en reuniones familiares a través de los años. Con la reciente muerte de la hermana mayor de mi difunto padre, José Becerra Otero, se cerró permanente la fuente mas fiable que me quedaba para documentar mi pasado familiar. O así pensaba yo hasta visitar la Quinta Rosacruz la semana pasada.

El óleo de Don Diego había sido adoptado en un nuevo hogar, la Casa Museo Degetau en Aibonito. Allí nos reencontramos Don Diego y yo, a la vez que conocí la ingente obra de Federico Degetau, tan bien salvaguardada por Angel Miguel Rivera Rolón, un ángel que inmediatamente reconocí como un amigo de antaño, de otra familia, la espiritual.

He encontrado muy poco publicado de la obra Degetau, pero el lema de su vida, que se encuentra incrustado lapidariamente en la Quinta Rosacruz, me tendió un puente para acercarme a su vida y a su obra. Ese lema es: ama y trabaja.

En ocasión del centenario del nacimiento de Federico Degetau (1862-1914), Angel M. Mergal Llera escribió una biografía espiritual de Federico Degetau. Mergal muy acertadamente describe a Degetau como un “hombre simbólico” que “siendo tan isleño fue también tan universal”. Su obra fue su vida y su vida se resume en su lema: ama y trabaja. “Eso quiso ser Degetau”, nos dice Mergal, “un colaborador en el cumplimiento del destino histórico de su terruño. Ama y trabaja sintetiza su vocación hacia la plenitud, sentida como grandeza espiritual en la pequeñez geográfica de su isla. Eso quiso ser, índice hacia plenitud, y eso fue”.

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Federico Degetau. Oleo en Casa Museo Degetau

Esa “vocación hacia la plenitud” puede bien resumir el sendero de búsqueda del Santo Grial de la Rosa y la Cruz ,el Amor de la Rosa (el Verbo) y el Trabajo en la Cruz (el Cáliz) . Nos revela Mergal que en 1903 a Degetau le fue conferido el grado masónico 33 del rito escocés estadounidense en Birmingham, Alabama por el Consejo Supremo para Alabama y Puerto Rico. Uno de los grados del ritual masónico se conoce como el Caballero Rosacruz, según lo describe Aldo Lavagnini (Magister) en su libro Manual del Caballero Rosacruz.

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Cuando Degetau muere todavía no se había fundado en Puerto Rico la organización AMORC, una versión moderna de esa antigua tradición que comparte con la masonería esa “vocación hacia la plenitud”. Por lo que pienso que quizás sea más probable que la alusión al ideario rosacruz en la Biblioteca Rosacruz de la Casa Museo Degetau esté más relacionado al grado masónico de Caballero Rosacruz que a pertenecer entonces a una organización rosacruz.

También nos revela Mergal que Degetau había estudiado la Doctrina Secreta, libro publicado por Helena P. Blavatsky en 1888 en Nueva York. La publicación de este libro inauguró una nueva dispensación de enseñanzas espirituales para el mundo occidental, continuando la tradición masónica y rosacruz. La Doctrina Secreta fue actualizada en el siglo XX por Alice A. Bailey, quien transmitió enseñanzas espirituales más avanzadas, que a su vez serán próximamente actualizadas por otra vertiente procedente de la misma fuente original, unos venerables Maestros que residen en las montañas azules de los Himalayas. Algunos de esos Maestros de Compasión y de Sabiduría han vivido entre nosotros a través de la historia, como lo hicieron Pitágoras y Platón, representados simbólicamente por los venerables Maestros de la tradición masónica.

El lema ama y trabaja que ya San Benito había adoptado para su Orden como Ora Et Labora, nutre las raíces de esa misma tradición esotérica. El contraste entre orar y amar es iluminador, así como el contraste entre trabajar y servir.

El brazo vertical de la cruz prometeica del sacrificio humano invoca lo divino -ora- para que el amor de la divinidad, inmanente en nosotros, se exprese a través de sus brazos horizontales como servicio sabio y amoroso. Cuando oramos, como lo hace el girasol, invocamos un poder superior que nos ama y al que amamos y que encuentra su justa expresión horizontal en el servicio del trabajo redentor, ese que redime, espiritualizando alquímicamente todo lo material. Esa es la “vocación hacia la plenitud” que inspiró la vida de Federico Degetau y que con su lema lapidario nos insta subliminalmente a seguir en su Quinta Rosacruz, en clave musical pitagórica.

En el centro de esa cruz hermética de servicio amoroso se encuentra una rosa pentagonal, la rosa mística del corazón intuitivo, el Santo Grial de los Templarios.

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Fuente: Manual del Caballero Rosacruz por Aldo Lavagnini

El sendero ígneo hacia ese centro místico se forja golpe a golpe, verso a verso, con nuestras propias vidas, haciendo camino al andar, como ora el poeta:

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar…

Así anduvo Federico Degetau. Apenas nos dejó estelas en la mar, reflejadas en cada amanecer cuando el Lucero del Alba irradia la Quinta Rosacruz en las montañas azules de Aibonito.

Degetau nos legó su lema de vida: dos verbos primordiales inmanentes en el Misterio del Cáliz y el Verbo. Así como el Padre amó a la Madre para procrear al Hijo redentor de las almas, nos corresponde amar y trabajar para construir un futuro digno de la raza humana, un futuro glorioso que restablezca el Plan de Amor y de Luz en la Tierra y selle la puerta a todo mal.

La Gran Invocación

Desde el punto de Luz en la Mente de Dios,
Que afluya luz a las mentes humanas,
Que la Luz descienda a la Tierra.

Desde el punto de Amor en el Corazón de Dios,
Que afluya amor a los corazones humanos,
Que Aquel Que Viene retorne a la Tierra.

Desde el centro donde la Voluntad de Dios es conocida,
Que el Propósito guíe a las pequeñas voluntades humanas,
El Propósito que los Maestros conocen y sirven.

Desde el centro que llamamos la raza humana,
Que se realice el Plan de Amor y de Luz
Y selle la puerta donde se halla el mal.

Que la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan en la Tierra.

Agradezco profundamente al profesor Angel Miguel (Guelo) Rivera Rolón el haberme recibido como familia en la Casa Museo Degetau y reconozco su inmensa labor altruista, salvaguardando el patrimonio cultural e histórico de Aibonito y la obra Degetau.

JBMAR
José Becerra y Angel (Guelo) Rivera

https://www.facebook.com/casa.museo.federicoDegetau/ 

lema

En testimonio de la Luz y al servicio del Plan,

José Enrique Becerra López

4 febrero 2019
(rev. 2019.02.07)


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Author: jebmd

Editor, NGSM.org

One thought on “La Quinta Rosacruz”

  1. Federico Degetau da nombre a la escuela , en mis tiempos, elemental donde no solo aprendí mis primeras letras y conocí de ciencias sino que me enseñaron el valor del lema “ama y trabaja” [ también tallado en piedra bajo el busto del patriota en el patio central de la escuela]. Allí también amó y trabajó mi querida madre como maestra de español hasta su retiro en la década de 1980. La escuela Degetau de la calle Reina de Ponce tiene un sitio especial en mis recuerdos y en mi vida. Ama y Trabaja me ha guiado desde entonces.

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